PRÓLOGO-Quiero
que recordéis que ningún bastardo ganó jamás una guerra muriendo por
su patria. La ganó haciendo que otros pobres estúpidos bastardos murieran
por ella. Muchachos, todas esas historias de que América no quiere
luchar, que prefiera estar al margen de la guerra son un montón de
estiércol. A los americanos, por tradición, les entusiasma luchar.
Todo verdadero americano ama el acicate de la pelea. Cuando erais
pequeños todos admirabais a los campeones, al corredor más veloz,
a los ases del fútbol, a los boxeadores más duros. Los americanos
aman al ganador y no pueden soportar al que pierde. Todo americano
siempre juega para ganar. Yo no apostaría el pellejo por un hombre
que estando perdiendo, se riera. Por eso los americanos nunca hemos
perdido ni perderemos una guerra, porque la sola idea de perder nos
resulta odiosa. Ahora, nuestro ejercito es un equipo. Vive, duerme
y lucha como un equipo. Todo eso de la individualidad es una basura.
Los que escribieron toda esa majadería sobre el individualismo para
el "Saturday Evening Post" (periódico) no conocen de una verdadera
batalla más de lo que saben de fornicación. Ahora tenemos la mejor
comida y equipo, el mejor espíritu y los mejores hombres del mundo.
Todos sabéis, y es la verdad, que compadezco a esos pobres contra
los que vamos a luchar, por Dios que así es, ya que no solo vamos
a disparar contra ellos, nuestra intención es arrancarles las entrañas
y usarlas después para engrasar las ruedas de nuestros tanques. Vamos
a matar a esos miserables teutones por millares. Bien. Algunos de
vosotros estáis dudando de si tendréis miedo bajo el fuego. Eso no
debe preocuparos. Estoy convencido de que todos cumpliréis con vuestro
deber. Los nazis son el enemigo. ¡ Cargad contra ellos ! ¡ Derramad
su sangre ! ¡ disparádles en el vientre ! . Cuando pongáis vuestra
mano sobre una masa informe que momentos antes era el rostro de vuestro
amigo, ya no dudareis. Deseo recordaros otra cosa. No quiero recibir
ningún mensaje que diga: "estamos aguantando nuestra posición". No
aguantamos nada. Que aguante el enemigo. Nosotros avanzamos constantemente
y no tenemos ganas de aguantar a nada excepto al enemigo. Vamos a
agarrarle por la nariz y a darle un puntapié en el trasero. A patadas
vamos a enviar esos teutones al infierno acabando así con ellos en
un santiamén. Ahora, sin duda, habrá algo que podréis contar cuando
volváis a vuestras casas. Y dar gracias a Dios también. Si dentro
de 30 años, sentados en vuestro hogar y con vuestro nieto sentados
en las rodillas y él os pregunta que hicisteis en la segunda guerra
mundial, no tendréis que contestarle : Pues acarreé estiércol en Luisiana.
Bien. Ahora, hijos de perra, ya sabéis como pienso. Estaré muy orgulloso
de dirigíos en esta lucha, muchachos, siempre y en todo lugar. Eso
es todo.